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ALA DE CUERVO

 

En el 2035 la guerra se extiende por todo el planeta. León es un veterano del bando revolucionario español, con una vida de lucha por la supervivencia en medio de conspiraciones de los poderosos. Libre O´Shanahan es una cantante country con un talento casi sobrenatural que recorre, junto a su familia de músicos, los Estados Unidos llevando su música e intentando sobrevivir a la anarquía que vive su país.


"Ala de Cuervo" no solo es una novela de ritmo trepidante y giros inesperados. También es un relato cargado de sensibilidad sobre vidas paralelas el azar emocional, la perdida, los breves encuentros que terminan siendo fundamentales, los designios vitales que hacen que personas totalmente diferentes acaben conociéndose, … es una novela sobre la experiencia vital, todo en una historia llena de acción que hace difícil al lector parar de leer.

 


 

BOOK TRAILERS DE ALA DE CUERVO

ALA DE CUERVO, NO ES UNA HISTORIA DE UNA GUERRA.

 

ALA DE CUERVO, LINEA DE TIEMPO

EL ARRANQUE DE LA PRIMERA PARTE DEL LIBRO

La ciudad parecía tranquila. Desde la ventana del segundo piso, la mujer observó la calle. Los mismos escombros que desde hacía un año: la pieza de artillería destruida, y los restos del edificio frente al suyo que habían sido apartados hacía unos días por una máquina gigantesca que los había puesto sobre las aceras, taponando muchas entradas de edificios. Detrás de aquella má- quina, un enorme tanque con una pala gigantesca, se desplazaba un enorme ejército. Un gentío de hombres vestidos de color azul oscuro con cascos redondos de color negro, al igual que sus botas. Cuando la mujer los vio, lloró de miedo: los defensores de la ciudad le habían dicho una y mil veces lo que pasaría si la ciudad caía. Y ese día, cuando los vio marchar detrás de aquel monstruoso aparato que escupía fuego por sus ametralladoras en la parte delantera, supo que todo acabaría pronto.

No supo más, los vio pasar como una pesadilla. Oyó los combates día noche, pero ya llevaba casi dos años oyéndolos, aunque nunca con tanta intensidad. Pero como una tormenta que se aleja, los oyó disminuir progresivamente hasta que no los escuchó más. Llevaba días sin ver a sus vecinos, a los pocos que seguían vivos, o que no se habían ido a los refugios que tenían los defensores en el centro. Sabía que don Mariano, el del tercero de enfrente, se había tirado del balcón en mayo; y la casa de los Herrera, junto a la antigua tienda, había saltado por los aires por una explosión, llevándose a toda la familia con ella. Eran los últimos de los que conocía su fatal destino; pero de resto no sabía nada, desde la llegada de la máquina. Vivos o muertos, no los veía.

Había humo en el cielo, pero eso era normal. Los incendios se producían constantemente, y la ciudad tenía un velo negro desde que el asedio comenzó. Pero desde la ventana no se veía nada preocupante desde hacía dos días. Ni gente ni soldados. El llanto de su hijo la sacó de su vigilancia absorta y concentrada de la calle. Dejó la ventana y se acercó a la pequeña cuna. Le parecía que estaba muy sucia, pero no podía hacer otra cosa. Hacía más de una semana que no podía ir a buscar agua al pozo que los defensores habían hecho en una calle cercana, y el agua almacenada en casa era para beber. Pero esa no era su preocupación ahora mismo: su hijo lloraba de hambre. Ella no podía darle el pecho, la desnutrición se lo impedía, y en la casa no había nada que el pequeño de un año pudiera comer. Tenía que salir como fuera, arriesgarse y buscar algo de leche en polvo o lo que fuese. Sabía de historias de gente encerradas en sus propias casas que murieron de hambre por no atreverse a salir a la calle: los Martínez, aquel matrimonio de jubilados del quinto, a los que encontraron en su propia cama muertos por hambre. Eso a su hijo no le pasaría.

Con su hijo en brazos, bajó las silenciosas escaleras. Eran las once de la mañana, pero el día estaba nublado. La puerta del edificio había sido arrancada de cuajo y misteriosamente había desaparecido. La mujer llegó hasta el borde, miró con cuidado, izquierda, derecha... el edificio donde vivían los Mateos y diez personas más ya no estaba, o más bien era un montón de escombros. Ella caminó por la calle, pasó rápido sorteando obstáculos, lo más pegada a la pared que pudo. Conocía el lugar donde los defensores repartían alimentos. El niño rompió a llorar. Ella le puso una mano en la espalda y le musitó palabras de cariño, en un vago intento de mitigar su hambre y nerviosismo. Apretó el paso.

El lugar estaba cerca, una antigua nave industrial donde los soldados daban víveres desde que el asedio comenzó. Allí la ayudarían; incluso a lo mejor la evacuaban para llevarla a los búnkeres del centro de la ciudad, donde muchos se habían refugiado haciendo caso a las recomendaciones de las autoridades militares. Pero ella no quiso irse. Su marido podía volver y no encontrarla... ¿Dónde estaría? Lo último que supo de él fue cuando se marchó con la leva de hombres de su quinta a pelear contra los revolucionarios en el sur de Castilla, pero de eso había pasado medio año. La última vez que salió alguien de la ciudad, días después, el cerco se completó y la ciudad quedó aislada. «¡Zaragoza resiste!», era el lema, el grito de guerra del ejército resistente que luchaba a la desesperada con mil frentes abiertos frente al poderoso Ejército Nacional Revolucionario y sus aliados del Ejército Popular Chino.

Zaragoza ya no resistía. Zaragoza había caído ante una marea de soldados, una riada de hombres armados que con una insistencia fanática llevaban lanzándose contra la muralla defensiva de la ciudad aquellos dos años. Morían miles en cada intento de asalto, decenas de miles, tal vez cientos de miles desde que empezaron a correr como locos hacia lasfortificaciones. Las balas de los defensores parecían infinitas, pero no lo fueron. Las vidas de los revolucionarios tampoco lo eran, pero sus hombres sí. La horda consiguió entrar para encontrarse con una ciudad moribunda que aun así se le resistía según avanzaban hacia su corazón.

La mujer llegó a la enorme puerta metálica, estaba cerrada. Golpeó con curiosidad en un vano intento de obtener respuesta. No había nadie. Ella no podía saberlo, pero en el techo del edificio había un hueco por donde entró un misil hacía una semana, y todo quedó destruido. Con la desesperación metiéndose en su cuerpo, se dio la vuelta; tendría que buscar en otro sitio. Conocía otro, un poco más lejos; o mejor iría hasta el centro, no era seguro estarse quieta en un mismo sitio. De repente lo notó: una especie de mordida, punzante y aguda.

Contuvo el aliento, sus piernas fallaron para caer al suelo, girándose en el último momento para no aplastar a su hijo en la caída. Lo había oído, no eran imaginaciones suyas: una explosión lo suficientemente cercana. Miró a su hijo, que lloraba mirándola, lo acarició acunándolo torpemente. El niño tenía sangre en la cabeza, se asustó. Nerviosa, le veía llorar, pero tenía una mancha en la frente,se dio cuenta de que no era del niño. Se miró la ropa. Le dolía el cuello, tenía la camisa llena de sangre y el dolor en el costado la hizo consciente de que le habían disparado. Caída, con un agujero en un costado por donde se le escapaba la vida, miraba preocupada a su hijo que lloraba; le pareció un niño muy bonito. 

El soldado se acercó, vestido con su uniforme azul oscuro de una pieza, con su casco negro y una máscara antigás que parecía salida de una pesadilla. Una aparición fantasmagórica. El hombre, casi un niño, se acercó a la mujer que se moría poco a poco. Ella no le miraba a él, sino a lo que llevaba en sus brazos. Él miró con curiosidad: un bebé que gritaba a pleno pulmón.
 
Presionó a la mujer con su fusil, quería que lo soltara para poder observarlo mejor. Ella hizo un gesto casi reflejo de apretarlo más, de proteger a su hijo, algo absurdo y patético. Le volvió a disparar, esta vez en el pecho. No murió en el acto, tardó unos segundos, lo justo para ver cómo el soldado levantaba a su hijo.
 
Le miró como el cazador que busca alguna anomalía en el conejo que acaba de matar. Lo dio por bueno, el chiquillo parecía sano. Valdría. Con el fusil apartó el brazo la madre, y con la bayoneta tiró de la mantita azul, con la que volvió a enrollar al niño, que lloraba estirando sus brazos hacia su madre muerta en el suelo. El soldado lo colocó en su hombro, como si se tratara de un pequeño fardo de una mercancía valiosa, y caminó calle abajo.
 
Contento, no paró hasta ver a un grupo del batallón médico. Sus batas blancas y brazaletes con una hoz y un martillo en rojo los hacían visibles en kilómetros. Se acercó rápido; no había cola, así terminaría pronto.
 
Dejó al niño, colocado sobre la sucia sábana en la mesa del Camarada Médico, que lo auscultó, comprobó los reflejos y movió una luz en sus ojos. Un sello de «Válido» en tinta verde indeleble estampado en el pecho y un asentimiento con la cabeza, sirvió para que una matrona vestida de blanco se lo llevara hacia una mesa con ruedas donde una decena de bebés esperaban. Colocado el décimo, la mesa estaba llena; la retiró hacia la salida del vehículo sanitario, donde otra enfermera le dio un biberón con un compuesto alimenticio y un narcótico que le haría dormir las diez horas de viaje hasta la Ciudad, nombre oficial de la gran capital del Estado Revolucionario, cuyo epicentro era conocido como Madrid hacía menos de media década.
 
La ambulancia se puso en marcha. Era simplemente un transporte, un furgón con dos puertas traseras, pintado de blanco, que viajaría por un país en guerra intentando llegar lo antes posible a los controles del Estado, y rezando para no tropezar con unidades aisladas del ejército rebelde o de los partisanos. El vehículo llevaba impreso en un lado «Unidad Sanitaria de Primera Infancia», y la imagen esquemática de un bebé y dos manos cuidándolo. Tenían la impresión de que si el enemigo veía el dibujo no dispararía sus armas contra ellos, y acertaban.
 
El vehículo llego a la Ciudad, capital y joya de la Revolución, sin novedad, para entrar en el aparcamiento subterráneo de la Unidad del Centro Pediátrico y Social. En el interior viajaba el niño, durmiendo con sus compañeros de mesa y con cinco decenas más. En su pie, una etiqueta ponía su nombre oficial: L- 14. Pero nunca le llamaría nadie de esa manera, sino por la referencia que le puso la matrona antes de salir: León, ya que le parecía que berreaba como un león rugiendo con la boca abierta.
 
Era el año 2038, quinto año de la Gran Revolución, y el Partido Nacional Revolucionario ya veía su gran victoria al alcance de la mano.
 

 

Reflexiones sobre "Ala de Cuervo" en el facebook de mi página

Hace un año y once días que empecé a escribir "Ala de Cuervo" en mi procesador de texto, fue un primero de septiembre, aunque llevaba cuatro meses tomando notas y haciendo "el enramado" de la historia en un cuaderno, donde conté la trama completa sin dialogo ni descripciones, hice un listado de personajes y un desarrollo de todo el ambiente que rodearía a los personajes, una especie de escenografía donde vivirían. Es curioso que de aquella sucesión de historias, que podían entrar en la novela, que pensaba sinceramente que entrarían, muchas se quedaran fuera y que muchos personajes casi dos decenas, no entraran en la misma. Hoy sale a la venta y aquí os la presento con un punto de emoción, nervios en el estómago y una inmensa gratitud a todos vosotros. Espero que por lo menos la portada, diseñada por Éride os guste y por supuesto si os aventuráis en el mundo de "Ala de Cuervo" os guste también su interior.

Pero antes de escribir el boceto en un pequeño cuaderno, muchos meses antes la historia fue madurando en mi cabeza. Tras publicar "Humo en el Cielo" me encontré con la disyuntiva que no sabía exactamente cual sería mi próximo libro, no había plan B ni historia alternativa o en la reserva, estaba claro que no habría una segunda parte ni algo parecido, la historia de mis queridos policías Osánajan y Galba se terminaba en las páginas de mi segundo libro. ¿Qué hacer? ¿Qué escribir? Planeé una novela negra al estilo de los años cuarenta, formulé los personajes, la ambientación. Todo, pero la historia no surgió, así que lo deseché. Un día a finales de Septiembre del 2013, escuchando a José Luis Garci en el programa de esRadio; "Cowboys de Medianoche" explicar lo que era el amor "fordiano" y como este se reflejaba tanto en el cine de John Ford como en multitud de directores a los que había influenciado, entre otros a él mismo que enumeró varios ejemplos de personajes propios de sus películas. Me fascinó tanto la idea que desde ese instante supe que quería escribir algo sobre eso.

Aún así "ALA DE CUERVO" no es una historia de amor como tal, es más bien la historia de dos personas que viven en una época convulsa e inestable. Yo recreé un futuro que se desarrolla durante el siglo XXI, no hay naves espaciales ni robots, no es una historia de ciencia ficción, es un futuro que parte de nuestro presente y ahí nacen y crecen los dos protagonistas, ambos muy diferentes tanto en edad, vida, condición, lugar de nacimiento. León es un soldado español que lucha en el bando revolucionario de la guerra civil española del 2035, nació el día que estalló dicha guerra, no conoció a sus padres, es un "niño de la guerra" y su vida entera ha sido luchar en ella. Libre O´Shanahan nació treinta años después en el 2065 en Arizona en los antiguos Estados Unidos de América, ella es una cantante de un talento casi sobrenatural que vive con su familia de músicos ambulantes en una caravana con la que recorren los restos del país que fueron los Estados Unidos antes de que la guerra civil lo partiera en dos. "Ala de Cuervo" cuenta las vidas de ambos personajes.

"ALA DE CUERVO" es una novela con mucha acción, es una historia donde pasan cosas, creo que no sabría escribir algo en donde no pasara nada durante páginas enteras. En "Ala de Cuervo" pasan muchas cosas a veces de manera vertiginosa, otras de forma más pausada, pero los cambios y giros en la historia son constantes. Las dos vidas de ambos personajes protagonistas son muy diferentes, fue como escribir dos novelas distintas y están contadas de manera que se centren en épocas fundamentales de sus vidas, no hay partes de relleno.

Los dos protagonistas y su experiencia vital. Un libro escrito en tres partes. León es un soldado de la poderosa dictadura española durante la interminable guerra civil que ha fracturado el país en dos mitades irreconciliables... pero no se trata de una historia de hazañas bélicas, es un desarrollo vital marcado por los designios, conspiraciones, luchas de poder de los hombres fuertes de la dictadura que lo convierten en una involuntaria marioneta en las manos de los poderosos, que asciende y cae en función de esos juegos de poder. Libre O´Shanahan es la historia de una muchacha muy especial, una historia de una familia de refugiados que expulsados de su casa en Arizona por el Ejército Revolucionario de América, viven viajando por los caminos del Noroeste de los antiguos Estados Unidos para llevar su espectáculo de música country y tradicional. Es una historia marcada por la música, el arte de la joven cantante que llega a ser de una calidad sobrecogedora. Es una historia intimista, de carácter costumbrista y romántico, pero también se desarrolla en el ambiente anárquico de un entorno hostil que llena de peligros las vidas de la familia y la propia muchacha. La tercera parte la dejo para que ustedes mismos la descubran si desean sumergirse en el universo de "Ala de Cuervo".

Como he dicho hoy en otros posts de presentación de mi tercera novela; "Ala de Cuervo" cuenta la vida de dos personas en un mundo marcado por la guerra. El libro se divide en tres partes y fue como escribir tres novelas completamente diferentes aunque relacionadas entre las tres... como se dice en la sinopsis del libro es una historia sobre los designios vitales que hacen que personas totalmente diferentes acaben conociéndose, las vidas paralelas, los breves encuentros... Es durante el desarrollo de la tercera parte cuando los distintos elementos se van asentando mostrando la interrelación entre las historias individuales.

PORTADAS ALTERNATIVAS

Cartel Presentación del Libro.